El antropólogo Néstor García Canclini acaba de publicar Ciudadanos reemplazados por algoritmos, un ensayo dedicado a reflexionar en torno a las formas de ejercer la ciudadanía en un contexto signado por la crisis de los Estados nacionales, el neoliberalismo como discurso dominante y la creciente expansión de las compañías tecnológicas.
García Canclini es uno de los autores referentes en los estudios culturales en América Latina. Se dedica desde hace décadas a investigar sobre los consumos culturales, las prácticas juveniles y la relevancia social de los medios de comunicación. Su obra más famosa es Culturas Híbridas (1990), donde postuló una agenda de investigación sobre las tensiones entre la lógica del mercado y las culturas populares y las prácticas de recepción de la radio y la televisión.

En este nuevo libro publicado en 2019, el autor dedica capítulos a examinar la crisis de la concepción liberal de la democracia, las identidades y culturas juveniles y la transformación del sector infocomunicacional a partir de la consolidación de internet y las redes sociales. Sin embargo, aquí vamos a hacer algunos comentarios sobre sus análisis en torno a las formas de ejercer la ciudadanía en un contexto donde los algoritmos comienzan a configurar los gustos, los deseos y consumos culturales y las preferencias políticas.
La segunda mitad del libro se estructura en diálogo (y como respuesta) a los postulados de lo que él denomina el determinismo biotecnológico. Especialmente, debate con un referente de ese enfoque: Yuval Harari, autor de Homo Deus (2016) y de 21 lecciones para el siglo XXI (2018). Las referencias a estos libros son constantes en todo el ensayo de García Canclini, por lo que incluso parecería que se inspiró en ellos para la escritura. Al respecto, para responder las afirmaciones de dicho autor, en este trabajo recurre a experiencias, ejemplos y casos de mediaciones y apropiaciones socio-tecnológicas en varios países de América Latina.
Ciudadanía en la era algorítmica
En la actual sociedad informacional, tal como la definió Manuel Castells, ser ciudadano ya no significa lo mismo que en los inicios del capitalismo. La concepción democrática y representativa de la ciudadanía hoy queda vulnerada ante la prevalencia de empresas multinacionales, organismos internacionales y corporaciones tech que definen la política económica y culturales de un país.
García Canclini lo detalla rápidamente: los postulados centrales del liberalismo -de la democracia liberal- están en crisis. Esto se debe a tres motivos: (1) la crisis de la representación política de los gobiernos, sumado a la vulnerabilidad de los Estados nacionales ante las corporaciones multinacionales; (2) hoy la participación ciudadana no se canaliza tanto en partidos políticos, sino más bien en movimientos feministas, estudiantiles, vecinalistas o ambientalistas; y (3) las grandes compañías tech (las famosas GAFA: Google, Apple, Facebook, Amazon) reconfiguraron el poder económico-político, y también redefinieron los hábitos, el significado del trabajo y el consumo, la comunicación, la socialización, los modos de hacer política y la participación ciudadana.
No obstante, ante esta situación, aún no se han generado nuevos mecanismos de legalidad y legitimidad política acorde con los tiempos que corren: «desde la irrupción de las industrias culturales pocos partidos y pensadores liberales comprenden los retos inéditos a la democracia: se rediseñaron los vínculos entre comunicación y política, sometiendo ambos campos a fuerzas tecnológicas y empresariales que desbordan el ámbito estatal y societal modernos. (…) [Resulta evidente la] dificultad del liberalismo para comprender esta reubicación de la ciudadanía en la era marcada por la descomposición de los partidos y la reconfiguración de las comunicaciones» (p. 19).
Ahora bien, el que sí presenta un programa político global basado en la tecnofilia, los algoritmos y la filosofía zen es el historiador Noah Harari. Tras la lectura del libro, resulta evidente que García Canclini siente la necesidad de dialogar con Hatari, ya que si bien no comparte sus posturas sí valora su línea de investigación: «existen pocos pensadores que se interroguen tan radicalmente como este autor sobre la medida en que los poderes de la inteligencia artificial y la biotecnología, al rediseñar la vida, desacreditan la visión democrática liberal» (p. 88).
Según Harari la creciente convergencia entre la informática y la biotecnología logrará que las lógicas sociales se materialicen en un algoritmo cuantificable, medible y predecible. De ese modo, será posible configurar tipologías de sujetos, a partir de determinados gustos, deseos, ideas y acciones medianamente preestablecidas. Esta claro, pues, que este contexto le daría a las corporaciones tech (las GAFA) una potestad sobre los intereses, las decisiones y necesidades sociales, culturales y políticas de las personas. Al respecto, el autor explicita que esta centralidad de los datos demanda reflexionar sobre la privacidad de las personas, los sistemas democráticos y la legitimidad de los Estados y las empresas.
La dimensión cultural de lo político
En cierto modo, esta situación se podía prever en mayor medida a partir de los trabajos de los investigadores de la cultura que por parte de los cientistas políticos. Los estudios culturales vienen demostrando hace un par de décadas que las formas de circulación de los bienes simbólicos y culturales han mutado. En el período de posguerra prevaleció una sociedad del consumo, basado en la compra de bienes y la adquisición de objetos en lugares concretos (el cine, el teatro, un recital). Hacia comienzos del siglo XXI prevaleció la lógica del acceso: ya no es necesario obtener bienes sino poder acceder a ellos mediante plataformas, suscripciones, logueos. Pero la lógica que ahora está emergiendo se basa en una personalización y automatización de las necesidades, intereses y gustos mediante patrones algorítmicos. «Cada vez menos es el consumidor el que va hacia el producto o accede a él; el producto va hacia el consumidor, se infiltra en su existencia» (p. 88). Las plataformas producen bienes y servicios y también generan la necesidad de (y las aplicaciones para) acceder a ellos.
Hasari cae la tecnofilia y el determinismo, lo que lo lleva a postular un futuro hegemonizado por corporaciones tech que organizarán la vida social, económica, cultural y política en todos los países. El gobierno de los algorítmos pretende regular el campo social y evitar toda fricción: su habilidad se basa en generar códigos organizativos y producir una especie de homogeneidad global entre cada nodo conectado (p. 137).
García Canclini reniega de esto. Considera que este enfoque no se sitúa «las contradicciones, jerarquías y explotación en las condiciones sociales de regiones geoeconómicas y geopolíticas distintas» (p. 139). Por lo que dedica varias páginas a rebatir estas afirmaciones universales y teleológicas. Para ello recurre a lo que denomina un método indiciario, cuya táctica consiste en mostrar ejemplos y experiencias locales que pongan de manifiesto las «fallas», «fisuras» y «desfases» de esa totalidad hegemonizante que comporta el «capitalismo neoliberal y electrónico». En esa dirección, obviamente que los estudios culturales es su lugar donde rastrearlos.
El autor argumenta que en la actualidad se tensionan los avances homogeneizadores de las corporaciones tech con las manifestaciones culturales y políticas de las heterogeneidades. Según García Canclini, los movimientos feministas, étnicos, juveniles-estudiantiles, vecinalistas, así como los movimientos de los «indignados» o la aparición del «Partido Pirata», serían manifestaciones locales y disidentes a esta forma universal que pregonan los tecnófilos. Por lo que no es posible decir que los algoritmos están reemplazando a los ciudadanos, sino que «fluctuamos entre desciudadanización y nuevos formatos de ciudadanía» (p. 162).
En definitiva, este ensayo constituye un buen ejercicio de reflexión sobre las transformaciones culturales y políticas que está generando la creciente consolidación de patrones informáticos y algorítmicos que regulan la vida en el actual contexto físico-virtual.