Se publicó el libro The Global Smartphone. Beyond a youth technology, editado por el renombrado antropólogo Daniel Miller. Constituye el resultado de un trabajo colectivo entre once investigadores que realizaron diez etnografías en nueve países diferentes. La investigación consistió en que los antropólogos vivan durante 16 meses dentro o cerca de las comunidades que estudiaron. Vale decir que el proyecto fue culminado un tiempo antes de que comenzara la pandemia de Covid-19, pero sus resultados funcionan muy bien para entender este presente cambiante.
El libro se basa en dos premisas teóricas que va desarrollando a lo largo de los nueve capítulos. La primera de ellas es que el teléfono móvil es nuestro “hogar transportable” [Transportal Home]. La segunda premisa plantea que el smartphone es «inteligente desde abajo» [smart from below], es decir, los teléfonos son inteligente en la medida que se configuran en torno a las necesidades y hábitos de uso de las personas. Veamos.
El móvil como “hogar transportable”
Sabemos que toda tecnología de comunicación es un lenguaje expresivo o un entorno que se habita. En esa dirección, Miller et al. desarrollaron su premisa de que los teléfonos móviles han devenido en hogar transportable de los seres humanos. Mientras que la casa física es inmóvil y limitada para interactuar con un mundo más amplio, el teléfono proporciona conectividad con un mundo en red y en expansión.
Ese hogar móvil contiene distintos compartimentos o habitaciones, que son las aplicaciones que permiten dialogar con otros, publicar fotos, comprar bienes, informarse, consultar dudas, trabajar, y muchas actividades más. “The smartphone is also the place in which we store, listen to and share music. It has become a device for translation, a key link to transport and tourism and a place for gaming. It has become a primary source of knowledge, the place where people seek information on every conceivable topic, from celebrity gossip to news, fake or otherwise, to discoveries in physics” (p. 6).
Pero no sólo eso. Con la movilidad también se deslocalizan el tiempo y espacio. Las personas siempre están en su casa, por más que estén en movimiento. La movilidad y conectividad garantizan constantemente nuestra presencia. El teléfono no es solo un dispositivo de comunicación, sino el lugar que habitamos. Siempre estamos «en casa» en nuestro teléfono inteligente. Nos hemos convertido en caracoles humanos que llevan nuestra casa en el bolsillo. “We are always ‘at home’ in our smartphone. We have become human snails carrying our home in our pockets” (p. 219).

Teléfono «inteligente desde abajo»
La otra premisa clave del libro es la idea de que el smartphone es «inteligente desde abajo». Esto implica que su perspectiva se centra en cómo las personas crean teléfonos inteligentes y no sólo los usan. Un dispositivo no es smart por sí mismo, sino que deviene inteligente en la medida que las personas agregan contenidos, reconfiguran las aplicaciones y reconocen las etiquetas sociales en torno a lo que es un uso aceptable e inaceptable.
Obviamente que el diseño y configuración técnica de un teléfono actual es un agregado de docenas de prácticas y artefactos anteriores, cada una de las cuales tiene su propia historia. Sin embargo, la convergencia tecnológica de diversos sistemas técnicos no comporta en sí mismo la sumatoria de utilidades ni resulta en una mayor inteligencia artefactual. Porque cada usuario utiliza las aplicaciones que requiere para resolver determinadas tareas y para que se adapten a sus propias rutinas. Esto es, las aplicaciones funcionan como mecanismos que alinean el teléfono con algún propósito particular asociado: “apps could be understood as the mechanisms that align the smartphone to some particular purpose associated with that app” (p. 79).
Es decir, son los tipos de usos que realizan las personas los que convierten a los teléfonos en artefactos convergentes e inteligentes. Por ejemplo, los autores manifiestan que no son las disposiciones técnicas las causas de los consiguientes usos de un dispositivo. Porque las pautas de comportamiento de los usuarios migran con facilidad de una pantalla a otra (de una computadora a un celular, por ejemplo) y de aplicación a otra (de Twitter a Facebook, por ejemplo). Entonces, si la modalidad de uso se mantiene en los distintos sistemas de comunicación, entonces las cualidades técnicas de las tecnologías no pueden ser la explicación principal de su uso.
Un enfoque etnográfico
Este libro colectivo constituye, sin dudas, un aporte valioso para entender los procesos de utilización de tecnologías digitales en la cultura contemporánea. Porque lo que demuestra esta investigación internacional es que, en diferentes regiones y comunidades, el teléfono móvil ha devenido un elemento central de las relaciones sociales. No solamente es un dispositivo de comunicación, sino que estructura la interacción y la dinámica de la socialización en forma de redes.
Sin embargo, sobre el final de las conclusiones, los propios autores plantean que su trabajo radica en un enfoque etnográfico de la problemática, por lo que es preciso hacer dialogar sus resultados con investigaciones de otras disciplinas. Especialmente con los aportes de tecnólogos y desarrolladores informáticos y otras ciencias como la comunicación y la sociología. Porque la complejidad de los procesos de cambio socio-tecnológico que estamos atravesando no puede ser analizada desde un enfoque disciplinar, sino que requiere de una perspectiva interdisciplinaria.