Conversamos con el Dr. Gonzalo Andrés sobre los principales resultados de la investigación recientemente concluida.
Corría el 2020 y la emergencia sanitaria virtualizaba todas las prácticas educativas. Ese mismo año, se presentó el proyecto de PID Novel N° 3186 “Análisis de prácticas educativas y culturales mediatizadas por TIC en la Universidad Nacional de Entre Ríos. La experiencia de la Facultad de Ciencias de la Educación durante el Covid-19”. Fue dirigido por Gonzalo Andrés, Licenciado y Doctor en Comunicación Social, docente de esta Facultad e investigador de CONICET en el Instituto de Estudios Sociales (InES) de la UNER.
– ¿Cuál es la principal inquietud del proyecto?
– El objetivo principal fue analizar las prácticas educativas mediatizadas por tecnologías informáticas y digitales en esta facultad durante el proceso de virtualización repentina impuestas tras la irrupción de la pandemia de Covid-19 (periodo 2020-2021). Se indagó especialmente sobre acciones institucionales; tecnologías disponibles; habilidades digitales; contenidos producidos; diseños pedagógicos; actitudes hacia las tecnologías y expectativas a futuro sobre la educación superior, predominantes entre docentes, estudiantes y autoridades de gestión.
Consideramos que este caso de estudio presenta particularidades relevantes porque cuenta desde 2016 con una ciberinfraestructura de campus virtual propia (entorno virtual, servidores, servicio técnico, asesoramiento pedagógico) y las autoridades de la institución promovían proyectos educativos y entornos virtuales tendientes a la virtualización de asignaturas, cursos y carreras. En consecuencia, antes de la pandemia en la FCEDU, una porción de docentes y estudiantes contaba con experiencias en educación virtual.
No obstante, el escenario cambió drásticamente cuando la modalidad virtual devino la única posibilidad pedagógica tras la instauración del aislamiento y distanciamiento físico. Esta situación obligó a la FCEDU-UNER a avanzar rápidamente hacia la virtualización integral de las clases y exámenes de todas las materias y talleres.
–¿Cómo han sido las distintas etapas de la investigación? ¿Qué metodología utilizaron?
– La investigación se centró en el análisis de la virtualización educativa efectuada en carreras de grado tradicionalmente presenciales: la Licenciatura en Comunicación Social y la Licenciatura y el Profesorado en Educación. Si bien se implementaron técnicas cuantitativas, el enfoque general fue cualitativo, ya que se estudió las prácticas, actitudes y expectativas de docentes, estudiantes y autoridades.
La estrategia metodológica planteada se constituyó a partir de un estudio de caso de carácter descriptivo-evaluativo y diacrónico. Es decir, un análisis en profundidad de un número limitado de hechos y situaciones en un marco contextual. Se recurrió a diversas técnicas de investigación: análisis documental de normativas; observación-participante en reuniones y talleres; encuestas a docentes y a estudiantes; y entrevistas a autoridades de la institución, coordinadoras de carreras, docentes y estudiantes participantes en el Programa de tutores pares.
Para el análisis del caso se implementó un modelo analítico configurado por cuatro dimensiones interrelacionadas: Institucional, Tecnológica, Social y Textual. Cada una de estas dimensiones evalúa distintos factores intervinientes en los procesos de integración y/o creación de tecnologías en marcos socio-institucionales.

– ¿Pueden compartir algunas conclusiones o resultados?
– Antes de la pandemia de Covid-19, la facultad estaba impulsando nuevas carreras bimodales y la generación de aulas virtuales complementarias a las clases presenciales. Esta situación constituyó un antecedente importante para afrontar la pandemia. Sin embargo, la virtualización de emergencia que impuso la crisis sanitaria evidenció las disímiles habilidades digitales y tipos de uso de tecnologías que disponían los docentes y estudiantes, las cuales entraron en crisis cuando se inhabilitó la educación presencial.
Algunos de los resultados de la investigación:
– Si bien los y las estudiantes que viven en lugares donde la infraestructura de conectividad es más precaria tuvieron dificultades, la disponibilidad tecnológica estuvo medianamente resuelta en esta comunidad educativa. Esto permitió sostener el vínculo pedagógico entre estudiantes que residían lejos de la facultad, que no disponían de tiempo suficiente para mantener un cursado presencial o que habían dejado su carrera universitaria.
– El diseño y desarrollo de clases se organizó fundamentalmente en clases semanales –realizadas por videoconferencia– y la subida de textos en formato pdf al entorno virtual. Al respecto, se puede intuir que en la mayoría de las asignaturas se intentó traducir las lógicas del dispositivo áulico a las plataformas virtuales. La principal inquietud en el plantel docente no se relacionó con las tecnologías de comunicación en sí mismas, sino por la conservación de modelos tradicionales de enseñanza. La virtualización repentina no reemplazó la corporalidad, sino que la revalorizó de manera nostálgica.
– Las y los docentes que tuvieron mayores dificultades para adaptarse a la virtualidad fueron quienes quisieron replicar en la virtualidad las clases
tradicionalmente áulicas presenciales o aquellos que tenían escasa experiencia previa en educación virtual o que contaban con menos habilidades digitales. En contraposición, se generaron innovaciones técnicas y pedagógicas en las materias cuyos docentes ya tenían un recorrido previo en la temática.
– Hubo diferentes percepciones de la virtualización entre los docentes según su ubicación en la carrera. Es decir, aquellos que están en los primeros años fueron los que más cuestionaron la virtualidad y plantearon la necesidad de volver a la presencialidad. Por otra parte, los docentes que dictan materias en los últimos años resaltaron las virtudes de la educación virtual y abrieron la posibilidad de avanzar hacia una modalidad mixta en el futuro.
– La virtualización repentina produjo cambios en las formas de vinculación de los y las estudiantes con la Facultad. Los estudiantes con menos trayectoria en la facultad o escasa experiencia universitaria tuvieron dificultades para cursar y rendir. El hecho de no habitar las instalaciones de la institución produjo que el cursado sea más individual y solitario, lo que perjudicó al estudiantado ingresante. En contrapartida, la virtualidad posibilitó el reingreso y recuperación de estudiantes avanzados que habían suspendido o abandonado –por distintos motivos– sus estudios en la Facultad.