Cualidades culturales potenciadas por tecnologías digitales

En las últimas décadas se han producido cambios tecnológicos que transformaron los modos de crear, almacenar y distribuir información y conocimiento. Las tecnologías informáticas y digitales convirtieron en bits a toda materialidad orgánica, fenómeno social y bien cultural. Esto habilitó a que los saberes, las producciones culturales, la información productiva y financiera se conviertan en datos informáticos que pueden ser programables, modificados y reproducibles.

Ahora bien, esta expansión de estas tecnologías no se debió solamente a innovaciones técnicas desarrolladas por las compañías big tech (Microsoft, Google, Apple, Meta). Es reduccionista acortar la explicación de este proceso a factores técnicos, que son fundamentales, pero no suficientes para entender la transformación socio-tecnológica que estamos atravesando desde la creación de internet hasta el actual auge de la inteligencia artificial.

También es preciso indagar sobre los cambios psíquicos, semióticos y socioculturales que habilitaron, en este caso, la creación del software y el hardware que dinamizó la expansión de las tecnologías digitales. Esto implica suponer que quizás las formas de funcionamiento y organización de internet, las redes sociales y las plataformas se compatibilizaron progresivamente con ciertos modos de concebir la vida, tiempo, el espacio y el trabajo.

Conectividad y virtualidad

El filósofo Pierre Lévy planteó que lo virtual es una forma de vida que reconfigura los significados sobre el espacio, el tiempo y las interacciones. Existe una renovada percepción del yo, donde se desmaterializa la experiencia: la virtualidad es independiente del espacio y tiempo; compone un entorno de interacciones desterritorializadas. Por lo que interconexión y ubicuidad no son solamente características técnicas. Son también valores socioculturales asociados a una creciente tendencia a la movilidad, conectividad y fluidez de la vida social. Y estas demandas encontraron en la ubicuidad de las tecnologías digitales una respuesta. Porque la red permite una conexión planetaria de muchos-a-muchos que posibilita que personas de cualquier parte del mundo puedan estar conectadas entre sí simultáneamente. Así, se construye una presencialidad físico-virtual permanente donde los vínculos se aceleran, se comprimen y a la vez se expanden mediante la ruptura espacio-temporal de la experiencia.

Tecnificación y automatización

El ensayista Alessandro Baricco indicó que una de las características de la era contemporánea es la apuesta por la tecnificación, es decir, no tenerle miedo a las máquinas. Eso habilitó a la consolidación de formas de vida cada vez más mediadas y mediatizadas, donde la socialidad es cada vez más el resultado de una coproducción entre humanos y máquinas. Por ello las formas de socialización actuales son cada vez más de naturaleza socio-técnica: en la cultura de la conectividad las acciones sociales se convierten en lenguaje computacional, y viceversa: el software configura las operaciones y actividades de las personas en posibles perfiles de usuarios para luego (re)organizar su socialidad.

A su vez, esta apuesta por la automatización también se evidenció en los cambios en la organización del trabajo que comenzaron en la década de 1970: la tecnificación fue reconfigurando las formas de trabajar, primero de las actividades manuales o físicas y, más recientemente, las intelectuales o cognitivas. Primero la robotización automatizó las labores repetitivas de la industria manufacturera y, en la última década, la informática y la inteligencia artificial efectúan cada vez más tareas cognitivas.

Espectacularización y exhibición

La socialidad online se estimula a partir de opciones como compartir y seguir, que no son solo elecciones tecnológicas, sino también acciones estratégicas para la exposición de la vida y la circulación de contenidos.

Sin embargo, la exposición de la vida personal no apareció con las redes sociales digitales. Las demandas por expresarse y tener una propia audiencia son previas a la expansión de internet. El filósofo francés Guy Debord demostró hace varias décadas que la dinámica del espectáculo y la ficcionalización son componentes que atraviesan a las sociedades modernas.

La lógica del espectáculo es un aspecto que no se pueda limitar solamente a la literatura, el cine o el teatro. La espectacularización es un componente de la vida social: todo lo vivido deviene una representación ficcional. La exposición y la visibilidad (construidas espectacularmente) son una necesidad de la vida social moderna: el espectáculo es la afirmación de la apariencia humana y de la vida social. Por tanto, la demanda de exhibición se compatibiliza con unas plataformas virtuales que promueven la conectividad como modo de vida. La necesidad de ser visto, de exhibirse, de comunicarse, es previa a la aparición de las redes sociales digitales.

Estetización de la vida cotidiana

La socialización mediatizada del siglo XXI da lugar a la construcción de un estilo de vida exhibicionista, lúdico, y estético. En un mundo lleno de pantallas, la construcción de una imagen personal se convierte en imperativo: la presentación estética de uno mismo, la construcción de un retrato personal, devino un deber social. En las redes sociales, las personas viven en una exposición constante. La documentación de micromomentos casuales abunda en el mundo virtual: lo cotidiano es retratado y convertido en un producto estético para ser viralizados.

No obstante, esta cualidad estetizante no es un fenómeno que surgió con las redes. Desde fines de la década de 1970, el componente estético se ha vuelto elemento constitutivo de la producción y el consumo. El ensayista Gilles Lipovetsky ha denominado a esta etapa como «capitalismo artístico»: un modo de producción de bienes y servicios con un componente estético-emocional. Se produjo una convergencia de la producción industrial y la producción cultural, ya que se recurre al diseño, el arte y la moda para estimular el consumo de bienes personalizados y bellos.

De modo que la estetización de la vida y la documentación de lo cotidiano constituyen una cualidad sociocultural que las personas tienen internalizadas hace décadas. Y en la era de las plataformas conectivas, la praxis diaria se puede convertir en una obra de arte exhibida.

Gamificación

En su libro The Game, Alessandro Baricco explicitó que las plataformas conectivas no solamente tienen un diseño agradable capaz de generar satisfacciones sensoriales, sino que también están basadas en la lógica de los videogames. Es decir, brindan un disfrute inmediato, sin preámbulos; plantean poco tiempo entre cualquier problema y su posible solución; el aprendizaje se basa en la experiencia dada por el juego (no por la lectura de instrucciones de uso); están diseñadas para obtener una puntuación o recompensa después de determinados pasos; y formulan un aumento progresivo de las dificultades de juego.

Y justamente el término gamificación es un anglicismo que describe el proceso por el cual el juego, la cualidad lúdica, se expande a ámbitos donde no es común, como la educación y el trabajo. Esto responde a una histórica demanda a hacer más amenas las obligaciones personales o las labores de las instituciones. De hecho, las organizaciones emergentes promueven cualidades como la espontaneidad, la novedad y la creatividad como formas de trabajar en grupo y comercializar bienes y servicios. Lo que tiende a una difuminación de los límites entre trabajo y ocio.

Transformaciones socio-tecnológicas

Un cambio tecnológico no acontece únicamente por la aparición de artefactos, sino también por su compatibilización con ciertos valores socioculturales y necesidades organizacionales. De modo que para que el capitalismo informacional se consolide fue necesario que las potencialidades de las tecnologías informáticas y digitales converjan con ciertas demandas sociales.

Vale recordar que la rebelión del Mayo Francés de 1968 postuló derribar un modo de vida totalizante y lineal que se estructuraba en torno a la organización fordista de la producción, la rutina diaria, el recato sexual y la burocracia estatal que abarcaba todos los momentos de la praxis vital. Y desde entonces las cualidades de interconexión, exhibición, ubicuidad y flexibilidad son valores socioculturales que progresivamente se fueron consolidando. Por lo que, de alguna manera, la instauración de la actual sociedad informatizada fue acompañada por una creciente tendencia a la movilidad, conectividad y fluidez no solo de la información y el conocimiento sino también de los cuerpos y los objetos culturales.

Este texto es un extracto de la ponencia “Cualidades socioculturales del paradigma informacional” presentada en el Cuarto Congreso Argentino de Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología en octubre de 2022.