Tras una larga tradición de estudios signados por enfoques fenomenológicos, hermenéuticos y post-estructuralistas, los nuevos materialismos están adquiriendo relevancia en las últimas décadas. Sus orígenes abrevan en una diversidad de autores/as y disciplinas. Aunque sus principales aportes provienen especialmente de la antropología, los estudios de género y los estudios de ciencia y tecnología. Donna Haraway, Tim Ingold, Isabelle Stengers, Bruno Latour, Rosi Braidotti o Jane Bennett son algunos de los referentes de este enfoque. Sus cuestionamientos, de alguna manera, coinciden en cuestionar la tesis de la «excepcionalidad humana» que organizó las matrices de pensamientos occidentales, a partir de la diferencia entre una naturaleza (inerte, pasiva) de la cultura-sociedad (consciente, activa).
Este proyecto filosófico busca des-subjetivizar y des-colonizar la actual era geológica del antropoceno, a partir de una «ecología política» que otorgue legitimidad también a las entidades no-humanas, como partes constitutivas de la materialidad que habita la Tierra.
«Esto implica reubicar a las cuestiones terrestres, planetarias y cósmicas, a los otros naturalizados como animales y plantas, y al aparato tecnológico como importante agentes y co-constructores del pensamiento y del conocimiento. En efecto, esto avanza hacia una verdadera perspectiva zoe/geo/tecno vinculada» (R. Braidotti, 2020, p. 137).
Resulta evidente que esta propuesta epistémica (y política) amerita un análisis más detallado. Pero se puede decir que, en general, este neomaterialismo «vitalista» se fundamenta menos en la teoría económica de Karl Marx y más en la filosofía de Baruch Spinoza. Porque sus análisis se basan en la potencia de actuar que disponen todas las entidades humanas o no-humanas (naturales o artefactuales). Esto es, postulan un tipo de materialidad que amplía la noción de agencia, a partir de una ontología plana que pone en igualdad de condiciones de acción a las entidades naturales, humanas y artefactuales.
Esta perspectiva puede ser pertinente para estudiar los procesos de comunicación y la producción de conocimiento en la fase actual capitalismo donde plataformas organizan la economia y la socialización y los programas de inteligencia artificial automatizan cada vez más tareas intelectuales. A esta altura ya resulta dificultoso sostener que solamente son los humanos los que generan informaciones y saberes. La mediatización socio-técnica de las operaciones cognitivas y simbólicas demanda que integremos a la capacidad de acción de las máquinas y las interfaces.
Como se ve, este neomaterialismo formula un tipo de asociativismo de humanos y artefactos en igualdad de condiciones (ontología plana) que rechaza el antropocentrismo en la comunicación. Al respecto, el experto en comunicación y tecnología Andre Lemos viene desarrollando una línea de investigación que rastrea las formas de ensamblaje socio-técnico que se establecen en los procesos de comunicación. Desde esta perspectiva neomaterialista, se interroga cómo los algoritmos, las plataformas y los dispositivos participan en la instauración de determinadas formas de agenciamiento. Eso es, se trata de reconstruir los ensamblajes mediatizados donde entidades humanas y no-humanas instauran un tipo de asociación en red, pero conectada localmente.
Así, pues, la comunicación no es un tipo de interacción social sino el resultado de una mediatización socio-técnica localizada. Y este enfoque tiene la potencialidad para pensar diferentes fenómenos: por ejemplo, los géneros periodísticos emergentes en la web, los cursos dictados en campus virtuales o los nuevos lenguajes artísticos. En cada uno de esos casos, la producción simbólica adoptó cualidades técnicas y expresivas de los artefactos. De modo que los humanos y los artefactos intervinientes influyen en las pautas de interacción y las formas de producción simbólica. Y lo hacen aportando sus cualidades, potencialidades e intereses para conformar un ensamble socio-técnico acorde a las necesidades de cada contexto. Y esas tensiones y negociaciones pudieron ser explicadas a partir de una perspectiva que adopte una ontología plana de la mediatización.
Vías de ingreso:
Estas son algunas de las posibles vías de ingreso a la perspectiva neomaterialista, especialmente a las discusiones sobre la capacidad de agencia (y politicidad) de las entidades no-humanas y su influencia para analizar los procesos de comunicación y la producción de conocimiento.
– Gonzalo Andrés. (2025). Fundamentos de la mediatización socio-técnica: un abordaje no-antropocéntrico de la innovación tecnológica. Austral Comunicación, 14 (3).
– Mariano Acciardi. (2023). Co-evolución de las inteligencias humanas y no humanas. XV Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profesional, 11–47.
– Jane Bennett. (2022). Materia Vibrante. Una ecología política de las cosas. Caja Negra.
– Emmanuel Biset. (coord.). (2023). Arqueologías políticas del porvenir. Editorial de la Universidad Nacional de Córdoba.
– Rosi Braidotti. (2020). El conocimiento posthumano. Gedisa.
– Donna Haraway. (2019). Seguir con el problema. Generar parentesco en el Chthuluceno. Consoni.
– Andre Lemos. (2020). Epistemologia da comunicação, neomaterialismo e cultura digital. Galáxia, 43, 54-66.