Desde tiempos inmemoriales se debate sobre cuáles son las características distintivas de los seres humanos a diferencia de los animales. Aristóteles creyó que la capacidad de tener lenguaje o la habilidad de utilizar herramientas eran características propias de los seres humanos. También se planteó que tener dedos pulgares oponibles son una cualidad anatómica distintiva de la especie. Y es obvio que estas características han permitido el desarrollo de destrezas físicas y cognitivas complejas que han aportado a nuestra supervivencia y evolución.
Sin embargo, investigaciones arqueológicas recientes están poniendo en discusión estas interpretaciones. Un estudio sugirió que lo que caracteriza a los Homo sapiens es su habilidad para transmitir innovaciones con precisión, una destreza que parecería que no disponen otros animales. La cultura acumulativa, esto es la capacidad de generar innovaciones tecnológicas y culturales y luego transmitirlas a los demás con precisión, sería lo que hizo posible la creciente complejidad de los colectivos humanos. De acuerdo con los autores, la sucesiva acumulación de modificaciones e innovaciones técnicas a lo largo de generaciones se debe a un tipo de aprendizaje compartido. Por ello, en consonancia con otros hallazgos arqueológicos, insinúan que la transmisión de variantes permitió a los humanos disponer de una creciente diversidad de tecnologías y conocimientos a lo largo del tiempo. Lo cual permitiría el desarrollo de una cultura acumulativa en el linaje humano.
Estos hallazgos arqueológicos fortalecen la perspectiva de la mediatización formulada por Eliseo Verón: a lo largo de la evolución de la especie humana, se evidencia una secuencia de tecnologías infocomunicacionales que resultan de la materialización de procesos semio-cognitivos y obtenidas por procedimientos técnicos. El Homo es un productor de signos (y sentidos) que se estabilizan y circulan debido a que se materializan en soportes técnicos. Y al ser materializados en un soporte técnico adquieren autonomía y persistencia en el tiempo.
Desde un enfoque biológico, la adaptación e innovación tecnológica sería parte de un proceso de exteriorización de procesos semio-cognitivos que fueron acompañando la evolución del Homo sapiens. Es decir, las operaciones semióticas se exteriorizan y materializan en artefactos y procedimientos técnicos compartidos para la realización de tareas o la resolución de problemas.
Y desde un enfoque comunicológico, esto implica que toda comunicación humana está mediatizada de alguna manera, porque siempre el sentido circula en alguna materialidad técnica: ya sea un papiro, un libro, un film o un teléfono móvil. Las tecnologías infocomunicacionales son una derivación de la creación de soportes tecnológicos autónomos de comunicación que operan como aceleradores evolutivos: tanto la talla en piedra, el códice, la tv o la computadora son tecnologías donde se exteriorizan y autonomizan los procesos de producción de signos.
Estos hallazgos arqueológicos comportan un aporte para consolidar la perspectiva teórica de la mediatización socio-técnica en el contexto contemporáneo. Entender a las innovaciones técnicas como un rasgo constitutivo de la especie humana implica pensar toda práctica de uso de una tecnología no es lineal o predeterminada. Para analizar la utilización o re-significación de los artefactos o sistemas técnicos es preciso adoptar una explicación histórica-diacrónica que describa las diferentes manifestaciones de la mediatización en cada momento y lugar.
Asimismo, vuelve a quedar de manifiesto la impertinencia de distinguir entre los aspectos «biológicos» y los «culturales» para entender la evolución de la especie humana. Y tampoco es pertinente separar entre «tecnología» y «sociedad» ya que se complementan: toda sociedad es una construcción tecnológica y toda tecnología es una construcción social.
En síntesis, la adaptación, innovación y apropiación de tecnologías es lo que nos hace humanos. Las sucesivas formas de la mediatización socio-técnica se materializan en adaptaciones e innovaciones técnicas que van construyendo una cultura acumulativa que se va compartiendo entre generaciones, pero que se va reconfigurando a partir de su relación con los diversos elementos del hábitat y del entorno socio-tecnológico en el que se desenvuelve.