La creciente disputa global entre Estados Unidos y China está atravesando un nuevo capítulo, signado por un repliegue yanqui para fortalecer sus posiciones –a partir de la implementación de medidas arancelarias y proteccionistas– en contraposición a una creciente consolidación geopolítica y diplomática china. A lo cual, en paralelo, se le añade la competencia por el desarrollo de la inteligencia artificial generativa.
El ejemplo más notorio de ello fue el lanzamiento de Deepseek, a comienzos del 2025, que hizo temblar a los desarrolladores de Chat-GPT. Este asistente de IA ha logrado igualar los modelos generados en EE. UU. durante el 2024, como las versiones o1 de OpenAI y 3.5 de Claude. Lo novedoso fue que DeepSeek se basa en un conjunto de mejoras algorítmicas y arquitectónicas que permiten reducir notoriamente la cantidad de potencia informática y el gasto energético para su funcionamiento, tanto en su etapa de entrenamiento como para la utilización por parte de los usuarios.
Con la aparición de asistentes multiagentes y multipropósito –como DeepSeek o Manus–, China se ha consolidado como laboratorio mundial de investigación y producción de asistentes de inteligencia artificial. Pero también se destaca por estar a la vanguardia en el desarrollo de aplicaciones de IA para la medicina y el reconocimiento facial y de voz, así como la fabricación de semiconductores, componentes clave para el funcionamiento de teléfonos móviles y computadoras cuánticas.
Actualmente estamos en presencia de una cuarta revolución industrial que tiene como objetivo la automatización y digitalización de los procesos productivos, las relaciones sociales y la transición energética, mediante aplicaciones de robótica, inteligencia artificial, internet de las cosas, tecnología cuántica y biotecnología. Y la disputa entre China y Estados Unidos es crucial para comprender este cambio de paradigma tecno-económico.
Así como Estados Unidos fue quien impulsó la tercera revolución industrial hacia la década de 1970, mediante la innovación en informática, tecnología digital, internet y la biotecnología, el país del norte quiere volver a liderar esta nueva etapa mediante grandes empresas big tech como Alphabet (Google), Amazon, Apple, Microsoft y Meta (Facebook). Sin embargo, China comienza a disputarle el protagonismo, entre otros factores, a partir de la fuerte inversión que viene realizando el conglomerado tecnológico conformado por Alibaba, Xiaomi, Baidu, Tencent y Huawei.
La cuarta revolución industrial permitió que China deje atrás su rol de gran taller industrial periférico para convertirse en una potencia tecnológica que le disputa la hegemonía global a Estados Unidos. Progresivamente el gigante oriental viene acortando la brecha con los países occidentales en diferentes rubros vinculados a la innovación científica, tecnológica e industrial. Por ejemplo, desde el 2017 es el país con mayor cantidad de artículos especializados sobre nanociencia, química y biología sintética y desde el 2019 lidera la solicitud de patentes a nivel mundial.
Este contexto de transformaciones tecnológicas y productivas expresan una novedosa situación en la historia reciente: Beijing ha lograr quebrar la hegemonía occidental en la innovación y cambio tecnológico que Inglaterra y Estados Unidos supieron protagonizar desde los comienzos de la era moderna.