Los debates en torno a la innovación y la utilización tecnológica tienen mucha historia y en los últimos años se han profundizado a partir de la irrupción acelerada de la inteligencia artificial. La discusión respecto a la potencialidad creativa o generativa de los artefactos evidencia la importancia de la adopción de perspectivas no antropocéntricas sobre el desarrollo tecnológico.
Al respecto, recientemente publiqué un artículo en la Revista Austral Comunicación dedicado a argumentar la pertinencia de incorporar un enfoque socio-técnico y simétrico en los estudios sobre cambio tecnológico a fines de no sobredeterminar las acciones humanas por sobre las cualidades de las tecnologías infocomunicacionales.
Para ello propongo la noción de mediatización socio-técnica, que no es más que una redefinición de las conceptualizaciones del semiólogo Eliseo Verón sobre la mediatización, pero con aportes de los estudios sobre tecnología y hallazgos de la arqueología que postulan que la innovación y utilización tecnológica dinamizaron la evolución de la especie humana.
Vale recordar que, hacia el final de su vida, Verón formuló una perspectiva de largo plazo de la mediatización: este proceso dataría desde la emergencia del Homo sapiens, ya que sería el resultado de un continuo proceso de exteriorización de operaciones cognitivas que se exteriorizan y materializan en procedimientos técnicos y sistemas simbólicos. Y esta capacidad operacional de la semiosis fue progresivamente activada de diferentes modos en diversos lugares y momentos históricos.
En efecto, Verón le otorgaba un carácter semio-antropológico a la mediatización, debido a que es producto de la capacidad biológica de los humanos de producir sentidos compartidos. Los desarrollos tecnológicos, entonces, estarían ligados a la capacidad semiótica de los humanos. Por lo que su evolución sería un proceso de sucesivas innovaciones técnicas, en tanto materializaciones de operaciones semio-cognitivas.
Este trayecto tendría –en principio– unos 600.000 años, cuando las transformaciones de las herramientas devinieron más finas y diversas y requirieron mucho aprendizaje para su creación y manejo. Sin embargo, la mediatización se consolidó en los últimos siete mil años a partir del advenimiento de la escritura. En consecuencia, la historia de la mediatización se solaparía con la evolución de diferentes técnicas expresivas y soportes materiales: desde los dibujos tallados en piedra, hasta la escritura; desde la imprenta hasta los entornos virtuales.
Esta perspectiva coincide, de alguna manera, con la hipótesis que el arqueólogo Stanley H. Ambrose viene formulando hace varias décadas: la evolución biológica y cultural de la especie humana está estrechamente vinculada con las innovaciones tecnológicas y que a medida que fue aumentando el repertorio de técnicas también creció la densidad poblacional en diferentes regiones del planeta. En el mismo sentido, las investigaciones de Ambrose buscan corroborar que el crecimiento del linaje humano se debió a una co-evolución de cambios neurológicos con las innovaciones lingüísticas. Es decir, la cooperación social puede haber co-evolucionado con la sofisticación de las construcciones no amenazantes del habla indirecta: las formas gramaticales del condicional, el subjuntivo, el futuro y la tercera persona, generan confianza y cooperación. Estas formas de habla diplomáticas darían voz a los elogios, los halagos y la amistad, fundamentales para aumentar la confianza, la reciprocidad y la cooperación.

Como se observa, los trabajos del semiólogo Verón y del arqueólogo Ambrose dialogan entre sí y constituyen un aporte fundamental para pensar los procesos de mediatización socio-técnica. La sofisticación de artefactos, así como la creación de lenguajes expresivos, aportaron a la evolución biológica del Homo sapiens y la complejización cultural de los colectivos humanos. Todo dispositivo es una la materialización de una exteriorización semio-cognitiva, por lo que los cambios neurológicos de la corteza frontal aportaron a una creciente innovación tecnológica y al aumento de la densidad poblacional.
Las adaptaciones y resignificaciones de las herramientas, sumadas a la capacidad para compartirlas con otros, habilitó una progresiva evolución de la especie humana y su supervivencia en diversos hábitats. De modo que no podría pensar la vida de los seres humanos sin tener en cuenta las tecnologías que lo co-construyen y sus habilidades para comunicarse entre sí.