Desafíos de una virtualización forzosa

Estamos atravesando el mayor experimento de la educación a distancia de la historia. En medio de la pandemia global del COVID-19 y de un aislamiento obligatorio, las universidades intentan seguir funcionando desde la virtualidad. Esto conlleva un desafío educativo enorme, que implica rediseñar las estrategias institucionales y las prácticas pedagógicas basadas en la modalidad presencial. Este momento de virtualización forzosa puso en evidencia falencias y dificultades preexistentes, pero que ahora se potencian.

Aquí apuntamos sólo algunas problemáticas que van emergiendo, y posibles modos de abordarlos. Las presentamos a partir de las cuatro dimensiones de nuestro modelo de análisis de la sostenibilidad socio-técnica de prácticas educativas mediatizadas.

Tecnológicos

– Obviamente que la primera dificultad que surge cuando se pone en obra la virtualización de la enseñanza es el requerimiento de una infraestructura técnica que lo sustente. Esto es, la diponibilidad de computadoras y teléfonos móviles con una conectividad buena y estable son condiciones necesarias para esta etapa. L@s docentes y estudiantes tienen que poder estar conectados, acceder a contenidos y realizar actividades online. De no ser así, es difícil implementar una modalidad a distancia. Aquí es donde se manifiestan las desigualdades socio-económicas existentes. No tod@s se encuentra en la misma situación. Por lo que el diseño de toda estrategia institucional y pedagógica tiene que conocer la infraestructura técnica con que cuenta la comunidad educativa. Para afrontarlo se puede hacer un relevamiento sobre la disponibilidad y accesibilidad tecnológica de los estudiantes principalmente.

– Las universidades que ya contaban con un campus virtual en funcionamiento corren con ventaja, están en mejores condiciones de brindar apoyo a sus docentes. Aunque la virtualización de todas las asignaturas (y de su curriculum) implica la coordinación del personal técnico e informático con el área de educación a distancia, las coordinaciones de carrera y las diferentes cátedras. Ante la necesidad intempestiva de comenzar las clases, de abrir las «puertas virtuales» de la universidad, se comienza con los recursos y habilidades que se disponen. Con el paso del tiempo, se verá cómo se continúa.

Institucionales

– Si bien existen muchas opciones de entornos virtuales y, a su vez, los docentes tienen espacios propios (blogs, grupos o fanpages) de sus cátedras en internet, es preciso que se defina una estrategia institucional conjunta, es decir, que se unifiquen criterios y plataformas a utilizar. La multiplicidad de espacios puede generar confusión entre l@s estudiantes. Por ello lo mejor sería que la universidad cuente con un campus virtual propio que aglutine todas las materias.

– Sostener el vinculo académico de manera virtual contribuye en sentirnos acompañados en momentos de confinamiento social. Pero estamos frente a una pandemia global sin precedentes en la historia contemporánea. No se puede hacer como si nada pasara. Por lo que es recomendable tener criterios laxos de seguimiento y evaluación de los estudiantes. Esta situación es excepcional; la forma de contacto y cursado, también.

Sociales

– Hay que valorar el compromiso de la mayoría de los docentes en esta situación para intentar continuar con su labor. También hay que decir que algun@s docentes muestran su reticencia a la virtualización forzosa. Es entendible: no lo esperaban y quizás no están preparados (emocional y cognitivamente) para afrontarla. Aunque resulta llamativo que se sorprendan por la posibilidad de comunicar, enseñar y aprender vía internet, siendo que actualmente nuestras actividades sociales, laborales y culturales están mediatizadas por tecnologías. Pero hay que entender que esta situación no es la mejor, sino que es una coyuntura que en algún momento terminará. Mientras tanto la virtualidad es un modo de seguir en funcionamiento.

– Las habilidades digitales y la disponibilidad de tiempo que tenga cada uno de los docentes será clave en el diseño tecnológico y pedagógico de los cursos virtuales. En este caso, el área de educación a distancia de cada universidad tiene la tarea de brindar tutorias y asesoramientos ad hoc que permitan por lo menos resolver esta etapa. Aunque no hay que olvidar que ya todos los usuarios de internet y las redes sociales cuenta con un background (por más mínimo que sea). La comunicación online no es un hecho ajeno a nuestras vidas. Ahora se trata de re-enfocar nuestras habilidades hacia la creación y circulación de contenidos y el intercambio de saberes.

– L@s estudiantes ya tienen incorporado el uso de tecnologías digitales para acceder y compartir información y conocimiento: googlean datos, envían resúmenes por email, resuelven actividades a través de un grupo de WhatsApp, etc. Por lo que ya cuentan con habilidades y competencias que l@s docentes pueden aprovechar y potenciar. Además, esta virtualidad forzosa puede resultar un buen momento para vincularse con los estudiantes desde otro lugar, conocer otras facetas, evaluar otras habilidades. Las presentaciones personales, las intervenciones en los foros, la resolución de las actividades pueden ser formuladas para revalorizar estas habilidades y competencias que habitualmente no forman parte de la evaluación académica.

Producciones textuales

– Más allá de la temática que se aborde en cada curso o asignatura, todo vinculo educativo esta atravesado estos días por los tópicos del COVID-19, la pandemia global, y el aislamiento obligatorio. Y está bien que así sea. Por eso todos los contenidos y producciones generados están situados en este contexto. Pero eso no implica que toda producción tiene que ser provisoria y atenerse a la actual situación. También es posible pensar en la creación de contenidos y recursos educativos para que funcionen más allá de la actual coyuntura. Esto es, los materiales que se generen pueden ser reutilizados en un futuro en las mismas asignaturas u otras. Tal vez puede ser una oportunidad para reelaborar y rediseñar los contenidos, presentaciones y bibliografías que generalmente utilizamos en nuestros cursos.

– Es preciso tener en cuenta las condiciones de conectividad y receptividad de los diversos grupos involucrados en cada curso. Esto es, hay que contemplar la accesibilidad de los contenidos y recursos educativos generados y compartidos para que puedan llegar fácilmente a los colegas y alumnos. Por ejemplo, los archivos de vídeo de gran tamaño constituyen una dificultad en contextos de escasa conexión.

En fin, estos pueden hacer algunas de las problemáticas que se pueden suceder en estos momentos de crisis. Mientras esa situación continúe, abordarlas y resolverlas será un desafío enorme. Nadie tiene certeza hasta cuándo durará esta situación excepcional. Mientras tanto, las universidades intentan seguir funcionando y sosteniendo el vinculo con su comunidad educativa durante el aislamiento social. No es poco.

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