En este proceso de virtualización forzosa que estamos atravesando en la universidad, que producto de la pandemia global del Covid-19, generalmente se habla de la labor de los docentes y de las autoridades. Los análisis se focalizan en los desafíos y necesidades que tienen que afrontar las instituciones educativas al momento de continuar en funcionamiento mediante las clases a distancia.
Sin embargo, parecería que las necesidades, inquietudes y requerimientos de los estudiantes quedan más relegados en los análisis. Lo cual es llamativo ya que es obvio que no podría existir el acto educativo sin los éstos. Por eso también es importante conocer las condiciones de infraestructura tecnológica con la que cuenta, así como sus habilidades digitales y sus percepciones sobre la educación a distancia.
Vale decir que algunas de las instituciones educativas contemplaron desde un inicio la situación de l@s estudiantes. Una de ellas fue la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de Entre Ríos realizó un relevamiento antes de dar inicio a las clases virtuales. El estudio se centró en el conocimiento y uso del campus virtual institucional, el tipo de acceso a dispositivos con conexión a internet y las posibles dificultades que puedan tener para el sostenimiento del cursado en esta modalidad.
Las presentamos a partir de las cuatro dimensiones de nuestro modelo de análisis de la sostenibilidad socio-técnica de prácticas educativas mediatizadas.
Tecnológicos
Por supuesto que la mayor parte de las inquietudes de los estudiantes se relacionan con el acceso y uso del entorno virtual. En términos generales, aparecen tres dificultades:
– Si bien la mayoría cuenta con conexión hogareña a internet y tiene una notebook, netbook o computadora de escritorio como el principal dispositivo, es relevante el número de personas que sólo cuenta con un teléfono celular para acceder a las clases y los materiales. Esto constituye una dificultad, ya que la enseñanza universitaria requiere de tiempos de lecturas extensas y complejas, y su abordaje desde un celular resulta dificultoso. La identificación de esos casos, y un tratamiento diferenciado de su situación, puede ser un modo de resolver esta falencia de accesibilidad.
– Tener que compartir la computadora con otras personas en el hogar también es un inconveniente mencionado. La convivencia con otras personas y la dispersión del tiempo dificultan la atención y dedicación para el trabajo intelectual. A lo cual, sugieren que «que los docentes tengan en cuenta los tiempos de acceso al aula y que sean razonables con las entregas de los trabajos»
– Las inquietudes más mencionadas son las referidas a los problemas de accesibilidad y usabilidad del entorno virtual institucional. Están son algunos de los planteos: «la plataforma no está muy preparada para las clases virtuales», «la plataforma es confusa, necesita un poco más de trabajo para que sea más simple y más cómoda a la hora de utilizarla», «sugiero que realicen un pequeño tutorial de cómo utilizarlo, sobre todo para les ingresantxs». De hecho, para atender esta demanda, el área de educación a distancia elaboró -en tiempo récord- diversos tutoriales y guías de navegación para l@s docentes y estudiantes.
Institucional
Los encuestados plantearon dudas e interrogantes respecto de la modalidad a distancia, fundamentalmente en lo referido a la organización institucional de los espacios virtuales y los contenidos:
– El planteo más recurrente tiene que ver con la unificación de criterios entre las cátedras para la disponibilidad de los recursos y el dictado de clases. Dinámicas de cursado diferente generan confusión entre l@s estudiantes.
– Que se habiliten canales de comunicación entre docente-alumnos por fuera del entorno virtual, ya sea vía correo electrónico o grupo de Whatsapp, para realizar consulta o acceder a los materiales.
Sociales
La virtualización permite cambios en las dinámicas de cursado y en el vínculo entre docentes y estudiantes. Asimismo, por experiencia personal, considero que los tipos de contactos y los lenguajes empleados también permiten tener otro tipo de vínculos entre docente-alumno. Las distintas formas expresivas y la posibilidad de compartir diferentes contenidos permiten que l@s estudiantes desarrollen habilidades que en la clase tradicional no son tenidas en cuenta.
Además, vale destacar que el tipo de cursado que habilita la virtualidad posibilitó la reinserción de estudiantes a la vida universitaria. Este momento permitió que algunas personas que adeudan asignaturas o están alejadas de la Facultad vuelvan a inscribirse para cursar: “necesitaría que las materias sean online, para aquellos que solo nos resta esa materia y por motivos de trabajo no podemos ir a cursarla presencial”.

También l@s estudiantes demandan encuentros virtuales semanales vía videoconferencia para mantener contacto con l@s docentes. Quizás sea porque ese tipo de contacto es lo más cercano a la presencialidad física. De hecho, por experiencia personal, se sorprenden cuando se les dice que una determinada clase no será por videoconferencia sino que solamente se pondrán a disposiciones guías de lecturas, videos o artículos periodísticos relacionados con los temas de la asignatura. Esta exigencia por parte de los estudiantes de tener un contacto permanente con los docentes vía videollamada sea tal vez la mejor muestra de que esta virtualización forzosa es más un suplemento de la presencialidad que una estrategia planificada de educación a distancia.
Producciones textuales
La producción de recursos educativos para la virtualidad constituye el principal desafío de esta virtualización forzosa. L@s docentes tienen que repensar sus clases y rediseñar los materiales utilizados. Eso conlleva a reconsiderar la necesidad y pertinencia de los contenidos en el actual momento de pandemia global.
Al respecto, l@s estudiantes plantean «que las cátedras suban vídeos con la explicación teórica de las materias». También reclaman que l@s docentes realicen videoconferencias para la exposición de los temas de la asignatura. Esto es, decho lo que intentan hacer la gran mayoría de los docentes en la universidad.
Por otra parte, en cuanto a criterios pedagógicos, los estudiantes solicitan una planificación de las clases, mediante un cronograma preestablecido, para saber desde un inicio qué temas, qué lecturas, que materiales y qué actividades se realizarán en cada semana.
En fin, estos son algunos de las sugerencias e inquietudes que expresan l@s estudiantes y que vale la pena tener en cuenta al momento de planificar las clases a distancia que este tiempo excepcional nos impone. Considero que este tipo de consideraciones son un buen punto de partida para planificar nuestras clases al menos durante este periodo donde las universidades se encuentran cerradas.