IA y educación: entre la innovación pedagógica y la delegación cognitiva

La cuarta revolución industrial está impulsada por avances en Inteligencia Artificial (IA) y el aprendizaje automático (machine learning). Esta transformación digital está automatizando paulatinamente muchas formas del trabajo intelectual. De modo que las instituciones educativas y académicas se enfrentan a la necesidad de repensar sus prácticas y roles, porque la IA no solo agiliza tareas repetitivas, sino que también genera producciones cognitivas y simbólicas que antes eran exclusivas del ser humano. Ante esta realidad, surge un dilema entre docentes: ¿son estas tecnologías un recurso para la innovación pedagógica o una forma de delegar operaciones cognitivas complejas a entidades artificiales multitarea y multimodales?

La irrupción de modelos generativos de lenguaje –como ChatGPT y otros similares– ha sacudido el mundo académico: la IA permite crear información y conocimiento a través de una interacción dinámica entre personas, software y dispositivos tecnológicos. En teoría, esto liberaría a los estudiantes de actividades repetitivas para enfocarse en tareas más creativas y analíticas. Sin embargo, muchos educadores alertan sobre una preocupación creciente: la aparente disminución en la capacidad crítica y creativa de los trabajos estudiantiles generados con estas herramientas.

Esta inquietud no es circunstancial. Estudios recientes respaldan que la dependencia excesiva en la IA puede afectar negativamente el desarrollo cognitivo. Por ejemplo, un experimento en el MIT Media Lab demostró que el uso frecuente y exclusivo de chatbots para redactar textos académicos reduce la actividad cerebral vinculada al aprendizaje. Los investigadores denominaron a este fenómeno “deuda cognitiva”, para describir la pérdida de habilidades neuronales y perceptivas que surge al delegar demasiado en las respuestas de la IA.

Redefinir el aula y el rol docente

Si la IA es capaz de generar textos, imágenes y otros contenidos de forma autónoma, quizas el dispositivo áulico tenga que ser reformulado. Ya no puede limitarse a exposiciones magistrales de contenido que los estudiantes pueden obtener en internet. Más bien, sería preciso promover un espacio para experiencias significativas, mediante el trabajo colaborativo, la resolución creativa de problemas y el diseño de proyectos con impacto local. Estas dinámicas enriquecen el aprendizaje y fomentan habilidades que la IA todavía no puede reproducir: pensamiento crítico, creatividad, empatía y trabajo en equipo. De esta forma podría funcionar como un recursos para potenciar nuestras capacidades humanas.

Para que esta forma de innovación pedagógica con IA sea factible, es preciso que los docentes cuenten con una formación que aborde tanto los aspectos técnicos como las implicaciones pedagógicas y éticas del uso de estas tecnologías. Más allá de entender cómo funcionan los modelos de lenguaje, es fundamental aprender a potenciar la creatividad y la apropiación crítico y creativa, y no como una mera delegación de tareas.

Los sistemas de IA no son solo herramientas para automatizar trabajo, sino formas emergentes de lenguaje expresivo que inciden profundamente en los procesos cognitivos. Adoptar esta visión permitirá avanzar más allá del temor a la «trampa» o al «plagio» y concentrarnos en aprender a convivir y sacar provecho de estas entidades multimodales, para enriquecer el aprendizaje en un mundo en constante cambio.

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