La IA es desafío para las universidades

Foto de Dan Dimmock en Unsplash.

La irrupción de las inteligencias artificiales (IA) generativas ha desencadenado un debate profundo en el ámbito universitario sobre cómo las tecnologías emergentes alteran las estructuras y prácticas educativas. La historia muestra que cada innovación tecnológica —la computadora, internet, los teléfonos móviles e incluso Wikipedia— ha generado resistencias y debates similares.

Más allá de las posturas condenatorias o celebratorias de este tipo de artefactos, resulta fundamental comprenderlas desde una perspectiva sociotécnica que permita analizar la interacción entre la interacción entre los objetos tecnológicos y las diversas configuraciones socioculturales. En este marco, la integración de la IA en la enseñanza puede ser una forma de dinamizar transformaciones en las instituciones académicas.

Desde un enfoque sociotécnico, los objetos tecnológicos no son buenos o malos por sí mismos, como postulan algunos discursos sobre las tecnologías, sino que su trayectoria depende de cómo se configuran y cómo interactúan con diversos grupos sociales. En este caso, las instituciones universitarias argentinas —que tradicionalmente estuvieron estructuradas en torno a configuraciones sociotecnológicas analógicas, por la presencialidad en el espacio áulico y carreras presenciales— ahora se enfrentan a un escenario de creciente transformación digital y de cambios socioculturales dinamizados por las nuevas generaciones.

El desafío radica en entender que la integración de las IA en la educación superior no es solo una cuestión de uso individual, sino una problemática institucional que requiere un replanteamiento profundo de los modelos educativos. La transformación digital tensiona las formas tradicionales de enseñanza y evaluación y demanda una adaptación que respete las cualidades de estas entidades artificiales y su interacción con las estructuras académicas establecidas.

Es innegable que los modelos de lenguajes y programas generativos tienen potencialidades diversas para el ámbito universitario. Como asistente cognitivo, facilitan procesos como la búsqueda y procesamiento de información, la edición de textos y la generación de contenido, permitiendo a docentes y estudiantes optimizar su tiempo y recursos. El vínculo interactivo que establecen estos programas establece una forma de construcción del conocimiento en la que tanto el ser humano como la máquina contribuyen a la creación y refinamiento de ideas, textos o imágenes. Además, estas tecnologías refuerzan la transformación digital que muchas instituciones ya están transitando, impactando en formas de acceder, gestionar y validar el conocimiento.

No obstante, la integración de las IA también trae consigo una serie de dificultades que no pueden ser ignoradas. La primera, de índole instrumental, señala la necesidad de aprender a manejar correctamente estas herramientas, especialmente en la formulación de indicaciones (prompts). Además, la abundancia de información constituye un problema: el exceso de datos, muchas veces falsos, sesgados o descontexualizados, genera desinformación y errores que el docente debe estar preparado para contrarrestar.

Un desafío aún mayor se relaciona con aspectos cognitivos y éticos. La delegación de actividades intelectuales a la inteligencia artificial implica cuestionar la forma en que los estudiantes desarrollan habilidades y competencias, así como los límites de la originalidad y el plagio en un escenario donde las máquinas generan contenidos. Esto exige una profunda revisión de las instancias de evaluación, promoviendo estrategias que integren tanto trabajos escritos con uso responsable de la tecnología, como instancias de evaluación oral y reflexiva que permitan apreciar habilidades no automáticas. La resistencia institucional, manifestada muchas veces en un rechazo a repensar el rol del docente, se convierte en un obstáculo para avanzar en estas transformaciones.

La respuesta a estos desafíos no puede ser la prohibición, sino la reflexión crítica y el aprendizaje activo sobre cómo incorporar las IA en la vida académica. Este tipo de tecnologías plantea la necesidad de promover una alfabetización digital que sea creativa y ética. Frente a las falencias de las respuestas automáticas, el ejercicio de exponer y problematizar las respuestas generadas por los bots generativos fomenta un pensamiento más agudo y específico. Y justamente este proceso, lejos de suprimir la tarea docente, la redimensiona hacia roles más reflexivos y orientados a la crítica.

En definitiva, no se trata de limitar o prohibir su uso, sino abordarlo desde una perspectiva que valore su potencialidad y que, a la vez, exija un compromiso ético y crítico por parte de todos los actores del sistema educativo. De ese modo la educación superior podrá enfrentarse a los desafíos del presente y del futuro, en un proceso que redefina sus propios principios y prácticas en función de una alfabetización tecnológica crítica y creativa.

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