La integración de la Inteligencia Artificial generativa y agéntica en la vida académica genera un desafío sin precedentes para las universidades. No se trata únicamente de la utilización de una nueva herramienta, sino que implica repensar y redefinir las prácticas de investigación y las formas de producción y validación del conocimiento.
La creciente integración de modelos de lenguaje para el procesamiento y sistematización de información configura un entramado cognitivo y tecnológico distribuido, donde el trabajo de producción de conocimiento se realiza en/desde/para plataformas virtuales y se dinamiza por algoritmos computacionales. Y esta presencia de entidades artificiales en la investigación conlleva a reflexionar sobre la automatización de textos, datos, argumentos e ideas como parte integral y habitual de la dinámica universitaria.
Estas transformaciones socio-tecnológicas están modificando –de manera progresiva– las formas de trabajo académico. La digitalización y automatización de la producción y apropiación de conocimiento implican una creciente retroalimentación entre personas y entidades artificiales multitareas y multimodales.
Tensiones en la construcción del conocimiento
Ahora bien, ¿qué sucederá con las instituciones universitarias si se alteran los criterios establecidos en los que se construye conocimiento? Actualmente, las prácticas de conocimiento existentes (y los acuerdos profesionales e institucionales que las sustentan) se encuentran en tensión debido a la creciente consolidación del conocimiento sintético generado por entidades artificiales.
Al respecto, recientemente A. Sergeeva, P. Leonardi y S. Faraj publicaron un artículo en el que interrogan sobre la aparición de un nuevo régimen epistémico que tensiona al régimen cognitivo e institucional establecido en el ámbito académico. Los autores plantean que las universidades son organizaciones que lograron estabilizar con el paso del tiempo un régimen epistémico que legitima: qué constituye evidencia creíble, quién está autorizado a interpretarla y cómo deben justificarse las decisiones.
El entramado socio-cognitivo según el cual estas instituciones conocen el mundo y deciden qué hacer en él está organizado en torno a la praxis humana. Son las universidades las que, históricamente, lograron estabilizarse como los espacios donde se produce, evalúa y autoriza el conocimiento a través de prácticas basadas en el juicio experiencial, la discreción profesional o el razonamiento deliberativo colectivo. Sin embargo, estas organizaciones académicas entran en conflicto con los modos de razonamiento computacional de las inteligencias artificiales.
La gestión organizacional del conocimiento
Sergeeva, Leonardi y Faraj postulan que, si internet y las tecnologías digitales habilitaron el acceso a una abundancia informativa, la aparición de las tecnologías inteligentes señala un cambio aún más radical: lo que distingue el momento actual es una redefinición del significado mismo de lo que se considera conocimiento. Es decir, cuando los resultados algorítmicos ganan prestigio, la autoridad epistémica y cognitiva se redistribuye y los fundamentos del conocimiento válido están en disputa.
Las tecnologías inteligentes introducen nuevos mecanismos de conocimiento (inferencia estadística a gran escala), nuevos criterios de valoración (rendimiento predictivo, consistencia de resultados y reproducibilidad) y nuevas formas centros de autoridad (resultados algorítmicos predeterminados e infraestructura de datos). En efecto, cuando estas tecnologías se introducen en las organizaciones generan disputas sobre los modos de investigación existentes, los estándares de evaluación y la legitimidad de la autoridad cognoscente.
Hacia un espacio de conocimiento híbrido
Justamente el concepto de régimen epistémico busca explicar la complejidad de esta transformación cognitiva y organizacional que están atravesando las universidades. Esta perspectiva pone atención en la configuración históricamente situada e institucionalmente estabilizada que ordena cómo se produce, evalúa y autoriza el conocimiento dentro de un dominio de trabajo, porque las actuales tecnologías están impulsando sus propias formas de producción y validación.
Desde este enfoque, la transformación digital implica una presión para reconstruir las estructuras organizativas y el régimen epistémico, ya que desestabiliza las acciones y procedimientos basados en órdenes negociados, entendimientos colectivos compartidos y normas establecidas.
Lo que está en juego actualmente es la definición de una gestión organizacional que promueva un espacio de conocimiento híbrido, basado en un entramado socio-técnico y epistémico en un mundo cada vez más interconectado, mediatizado y fragmentado. Y, por supuesto, estas transformaciones del régimen epistémico no se desarrollarán fácilmente. Están y estarán atravesadas por intereses, necesidades y competencias de los grupos involucrados, las lógicas de las instituciones universitarias y las configuraciones técnicas de las propias entidades artificiales.