Simbiosis entre inteligencia humana e inteligencia artificial

Ninguna tecnología de información y comunicación es una herramienta pasiva y neutral; todas intervienen en el modo en que se concibe, expresa y construye el conocimiento y las manifestaciones simbólicas. Y eso se puede decir tanto para el libro en papel, la televisión tradicional como para internet. La tecnología es forma y contenido. El medio es también el mensaje, diría Marschall McLuhan.

Aunque ahora estamos ante un fenómeno novedoso: la inteligencia artificial generativa es una tecnología que no solamente interviene en el procesamiento y producción de información, sino que también puede crear información y tomar decisiones con relativa autonomía. Y esto es, de acuerdo con Yuval Harari, constituye un hito en la historia de la humanidad.

La IA es un agente que interviene (y en algunos casos, condiciona) en la actividad cognitiva humana. Y es por ello que han resurgido debates en torno a las formas de incidencia de las tecnologías en la producción de conocimiento. Algunas de los enfoques que prevalecen se fundamentan en la teoría de la mente extendida, en la teoría de la cognición corporizada y enactiva o en la perspectiva de la humanidad aumentada.

La teoría de la mente expandida, propuesta por Andy Clark y David Chalmers, sostiene que los artefactos se integran funcionalmente en sus procesos cognitivos al humano. Entonces, por ejemplo, un libro, una calculadora, una computadora, actúan como soportes externos de memoria, razonamiento, representación o producción simbólica. De modo que el pensamiento no sería un fenómeno que acontece dentro del cerebro humano, sino que está materializado y extendido en artefactos que participan de manera significativa en la actividad cognitiva.

Asimismo, el enfoque formulado por Edwin Hutchins en torno a la cognición corporizada y ecactiva entienden al conocimiento de una manera pragmática: sabemos lo que sabemos hacer. Por lo que la cognición se fundamenta en una experiencia corporeizada, situada en determinados contextos materiales y sociales, sustentados en la acción y asociada a la utilización de herramientas y artefactos. En este caso, el conocimiento es resultado de una interacción dinámica entre un humano y un agente artificial para resolver una determinada tarea en un contexto situado.

Por su parte, la teoría de la humanidad aumentada plantea que la integración de tecnologías en el cuerpo y la mente potencia los sentidos del ser humano, a fines de superar sus limitaciones biológicas, optimizar sus capacidades o adquirir otras habilidades. Un ejemplo de esto serían los lentes con aumento que potencian la visión o unos audífonos que amplifican la audición. Pero actualmente se refieren a otros dispositivos como prótesis o implantes para ampliar el potencial físico, mental y perceptivo. Desde esta perspectiva, la IA y la robótica son tecnologías que aumentan la capacidad humana de pensamiento y acción.

Más recientemente, Laura Morello y John Chick propusieron la teoría de la simbiosis Humano – IA como una explicación de la interdependencia funcional entre humanos y sistemas artificiales para la producción de conocimiento. Desde esta mirada, las personas tienen que interactuar críticamente con sistemas inteligentes para ampliar sus posibilidades de exploración, contraste y reflexión, pero teniendo la responsabilidad última sobre el juicio, la comprensión y la autoría del conocimiento generado.

La simbiosis entre humano – IA

Mientras que las teorías mencionadas postulan a las tecnologías como posibilidades de aumento de la inteligencia o indagan en la expansión de la inteligencia humana entramados en los contextos tecnológicos, la teoría de la simbiosis entre humanos y la IA destaca una relación dinámica y coevolutiva. Laura Morello y John Chick proponen una aproximación a las relaciones de interdependencia funcional entre personas y sistemas artificiales para analizar los procesos de investigación académica, pero puede ser un aporte para pensar todo tipo de funcionalidades de los actuales modelos de lenguajes multimodales.

Los autores tratan de fundamentar que el tipo de interacción entre humanos e IA es de una interdependencia funcional para la producción de conocimiento. Desde este enfoque, las capacidades humanas y de la IA evolucionan recíprocamente mediante una interacción continua. Recurren a una evaluación de la literatura especializada, así como a los propios sistemas de IA, para fundamentar sobre el desarrollo mutuo de la inteligencia por encima de una concepción de fusión estática de habilidades.

Esta teoría busca sintetizar los aportes de la teoría del aprendizaje, la ciencia cognitiva y la investigación sobre IA dentro de un marco sistematizado donde se sostiene a la colaboración entre humanos e IA como sustento para la investigación académica. Se trata de entender a los sistemas maquínicos como colaboradores genuinos en la producción de conocimiento en un entramado socio-tecnológico determinado.

Entre los principales principios de esta teoría se postula la complementariedad: los humanos y los sistemas artificiales tienen roles diferentes pero sinérgicos. Y esa complementariedad debe potenciar la capacidad de autonomía humana, por lo que son las personas quienes conservan el control final y la autoridad ética de la información y el conocimiento generados.

Desde un punto de vista educativo, esta teoría aporta una mirada para pensar la interacción crítica entre estudiantes y los chatbots (como ChatGPT o similares). Un aprendizaje simbiótico consistiría en una forma de acoplamiento cognitivo: mientras que la IA actúa como interlocutora, contrapunto o prótesis cognitiva, el y la estudiante conserva y desarrolla su capacidad en la toma de decisiones.

Deja un comentario